Tenemos
una nueva Ley Orgánica del Trabajo, el Trabajador y la Trabajadora y leyendo
sus artículos voy convenciéndome más de que vamos por el camino correcto en la
transición hacia el socialismo. Por eso resuenan en mí distintas melodías que
me sirven de inspiración para tratar el tema. Así que prendamos el picó y
dispongámonos a soltar ideas un tanto deshilvanadas pero siempre girando a su
alrededor.
El
trabajo alienante es el que se ejerce para beneficio de otro, sin posibilidad
de disfrutar directamente de los logros de ese trabajo. En ese sentido nos
invade de pronto la voz de Cheo Feliciano
interpretando “Juan Albañil” del gran
Tite Curet Alonso y que dice en una de sus estrofas: “Como es domingo Juan Albañil por la avenida va de paseo
mirando cuanto construyó. Hoteles, condominios, ¡cuánto lujo! y ahora
como no es socio no puede entrar. Como es domingo Juan Albañil por la
avenida pasa llorando mirando cuanto construyó. Va lamentando
la importancia insignificante, que el que trabaja tiene después que
trabajó”
Síntesis prodigiosa de lo que es el capitalismo.
Cambio
el disco, ubico un clásico de Roberto Roena, “Lamento de Concepción” y escucho la siguiente frase: “Mucho trabajo da hallar en qué trabajar, qué trabajo da el no trabajar”. En el capitalismo el obrero vende
lo único que puede ofrecer: su fuerza de trabajo. Lamentablemente su oferta
está a merced de una instancia abstracta que lo domina todo: El Mercado. De
manera que, dependiendo de El Mercado, no siempre logra el obrero venderla y,
para colmo, aquellos que lo logran, no tienen garantizada su estabilidad
laboral pues El Mercado dictamina reducciones y crisis. Es tan fuerte el poder
de El Mercado que por encima de los gobiernos genera órdenes desde oscuras
organizaciones de nombre eminentemente mercantilista como “Fondo Monetario
Internacional” o “Banco Mundial” que acaban echando a la calle a cientos de
miles de trabajadores con el fin de evitar que los accionistas de bancos y empresas tengan
pérdidas que puedan alterar sensiblemente sus planes vacacionales, los cuales
están siempre en la categoría de “cacería de elefantes pa’ abajo”. En
Venezuela, el gobierno ha manifestado sus inclinaciones obreristas desde el principio
de la revolución manteniendo una estabilidad laboral, en contra de la voluntad
del empresariado, fortalecida con la Misión Saber y Trabajo.
Busco ahora un disco de la Sonora
Matancera y escucho la voz de Alberto Beltrán confesando que “A mi me llaman el negrito del batey porque
el trabajo para mí es un enemigo, el trabajar yo se lo dejo todo al buey,
porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Al respecto me viene a la
cabeza el concepto de ideología utilizado por Marx. Esa “falsa conciencia” que nos incuba el capitalismo para imponernos
su destino manifiesto. Es así como se nos convence, por ejemplo, de que el
venezolano es flojo por naturaleza. Lo cierto es que un trabajo cuyos frutos no
redundan en la felicidad de quién lo ejecuta y su comunidad es, lógicamente,
ejercido desde la resistencia y el escamoteo.
Contra el trabajo alienante se
impone en Venezuela el trabajo liberador, el que se ejerce en beneficio, no de
unos cuantos accionistas, sino del pueblo. El que construye viviendas para los
mas necesitados, el que siembra y cosecha el alimento de todos, el que provee
de salud y educación a aquellos que antes no tenían acceso a estos. Por eso,
cierro mi selección musical con “Compañeros”, el himno del “Grupo Madera” que,
con mucha razón, afirma: “Tu machete y tu
dignidad, bajo el yugo nunca estarán si tu lucha es por pan, trabajo y tierra”

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