Y es que la guerra sucia ensucia
hasta el agua potable y, si es necesario, pues algo de sangre habrá que verter en
La Mariposa
con tal de lograr los objetivos electorales y corporativos fijados en la agenda
de la contrarrevolución.
Hablamos de objetivos corporativos
porque estamos convencido de que más allá de las impuras barbaridades que en semanas
pasadas se estuvieron publicando para poner en duda la pureza del agua que
llega a nuestros hogares, difícilmente
podemos aceptar estas acciones como simple estrategia electoral y ya.
Entre privatizadores te veas. Ya le
hemos visto el bojote neoliberal al
candidato de la oposición en una que
otra declaración que se le ha chispoteado sin querer queriendo, tanto a él como
a miembros de su equipo, todas ellas tratando de justificar la intervención de
manos privadas en empresas básicas aludiendo el manoseado argumento de la
incapacidad gerencial del Estado, En otras palabras, y siguiendo con el tema
del agua, dejemos que Minalba haga lo que no puede resolver el Ministerio del
Ambiente.
La guerra del agua no es una película
de ciencia ficción y aunque la imagen del río Orinoco fuertemente custodiado
por personal de seguridad de la cocacola pueda parecer apocalíptica no menos
cierto es la sentencia de que, si el capitalismo mantiene su ritmo de
supervivencia depredadora muy pronto esta imagen puede convertirse en realidad.
Recuerdo una novela del mexicano
Carlos Fuentes titulada Cristobal Nonato
escrita en 1987. la misma transcurre en un futuro cercano -1992- durante la
conmemoración del quinto centenario de la llegada de Colón a tierras americanas
y el inicio de la invasión europea. Entre las situaciones que, de acuerdo a lo
imaginado por el escritor,, podían ocurrir en los próximos cinco años estaba la
siguiente perlita: El triunfo y auge del
neoliberalismo obliga al gobierno mexicano a venderle la península de Yucatán
al Club Mediterranee para poder pagar la deuda externa. ¿Verdad que suena
absurdo? ¿o no?
La visión que el escritor tenía de lo que sería la realidad mexicana en esa época fue premonitoria. En uno de los capítulos de la novela ocurre un sacudón en México D.F. La descripción del mismo sorprende por coincidir exactamente con lo que ocurriría en Venezuela dos años después de la publicación de la novela, en febrero de 1989. No se trata de una imaginación prodigiosa, ni siquiera de alguna cualidad extrasensorial, sino del mismo sentido común que indujo a Rosa Luxemburgo a proclamar décadas atrás ¡Socialismo o barbarie! Por eso, basta con escuchar atentamente todo lo que apenas se esboza en la cabina del autobús del progreso para profetizar las piedras que arrastrarán los ríos de aguas turbias fabricados por tanto laboratorio mediático. Las aguas correctamente tratadas de nuestros ríos responderán en su correr con la letra de la célebre canción “Agua que no has de beber” popularizada por Sara Montiel y que reza asi: No se porque andas diciendo que soy mala. Que el alma tengo negra muy negra. Que soy interesada y pretenciosa. Que de orgullosa no cabe más. Ya se por que de mi vas así hablando. Es que el despecho, te esta matando. De no ver tu pasión correspondida. Toma tu tomate J.J. Rendón

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