La vida en un hilo

En la Plaza Bolívar todos los días, entre la una de la tarde y las siete de la noche y cada media hora, se mueven los hilos de una épica nacional. Pareciera como si quisiéramos ser metafóricos pero, aunque bastante se ha escrito sobre los destinos humanos movidos por los hilos invisibles de un Creador caprichoso y juguetón hasta la crueldad, la convocatoria que hoy reseñamos pretende apartarse de toda reflexión mística-religiosa. Tampoco queremos aprovechar la imagen que nos ofrece el actual estado del Palacio Legislativo, con todo ese andamiaje que lo cubre tan parecido a la tramoya de un teatro y todos esos obreros encaramados como hombres arañas. Doble simbología porque en una primera impresión parece una suerte de Cirque du Soleil a pleno Soleil tropical y candente. Solo resta encontrar, en algún rincón de esa tramoya, al Koke Corona –Sí, aquel que inmortalizó el personaje del Loco Hugo- que, en los tiempos cuando era músico y estudiaba en el Conservatorio Landaeta, se deleitaba, y deleitaba a un enorme público, con sus conciertos de percusión para los que hacía uso de la variada estructura metálica que envolvía la  obra en construcción del Complejo Cultural Teresa Carreño, convirtiéndose así en el antecedente criollo de  grupos como Stomp. Entonces no faltará quién diga que claro que es un circo, con payasos, magos, domadores de leones, contorsionistas, lanzadores de cuchillos y mujeres barbudas Por otra parte, estos albañiles aéreos bien pudieran ser vistos, dado que permanentemente le están dando la espalda a los transeúntes, como manipuladores de aquellas marionetas que se encuentran dentro del hemiciclo, levantando, con esos hilos invisibles, sus manos, moviendo sus bocas, y legislando desde las alturas. Las alturas del poder. Todo el poder para el proletariado. Pero ya dijimos que no era nuestra intención aprovecharnos de tan prístina simbología para hacer una tosca parodia política. Se trata, en todo caso, de un verdadero teatro de marionetas instalado en las puertas del Concejo Municipal. Un tinglado que, a lo lejos, semeja esos puestos de feria donde la gente va a hacer tiro al blanco, aunque demasiado oscuro para intentar cualquier cosa. Una vez frente a él encontramos toda una multitud de muñecos paralizados, esperando el momento oportuno, cada media hora, para activarse y mostrar al nutrido público una visión conmovedora, por tanta carga infantil, de los tiempos adversos del absurdo paro petrolero. Teatro musical directo. Hazañas de héroes y maldades de villanos. La metáfora ocurre, tal vez, sin intención del autor. Ocurre cuando el espectador se voltea y ve la vida transitando por la plaza y siente la presencia de esos hilos invisibles y ni siquiera sabe a quién encomendarse. No vaya a ser que se aparezca Dios de la mano de Monseñor Castillo Lara.
11 de noviembre de 2005

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