Hay
un ruido inusual en el centro. El ruido de los rumores. “Están diciendo que
mataron a Chávez” era la frase que recorría las calles de Caracas el lunes 30
de mayo. En las oficinas, siempre hay un radio prendido en alguna parte, el
nerviosismo cortaba el aire en una tarde que parecía interminable. Una buena
cantidad de gente se acercó a Miraflores y pedían que saliera el Presidente.
Como una suerte de red urbana las calles del centro esparcían el rumor mientras
los buhoneros disminuían el volumen de sus equipos y los dueños de los negocios
parecían esperar la señal de partida para bajar las santamarías. Risas
nerviosas, llantos retenidos, escepticismo cauteloso, palidez y un rastro de
sudor helado en algunas espaldas, eran, al menos, los efectos más recurrentes
de ese viento sin brisa, de esa
corriente invisible pero perceptible que invadió cada rincón en las cercanías
del Palacio Blanco. El hombre, finalmente, apareció y las conjeturas, en lugar
de neutralizarse, se multiplicaron. Las mariposas del rumor alzaron un vuelo
variopinto en todas direcciones. Henry, quién se jacta de ser amigo personal
del archiconocido espía Salazar, llegó a los pocos días con la “verdad
verdadera” “Al hombre le pegaron dos tiros porque le estaba soplando el bistec
a un tipo que, al descubrirlo en flagrancia decidió que no le importaba un pito
si se trataba del mismísimo Presidente. La cosa no salió a la luz porque al
tipo se lo quebraron ipsofacto.“ La fuente, como siempre, es fidedigna pero no
explica por qué, si esos son los hechos, se suspendió el desfile del 24 de
junio. “Secuestran niños para quitarles los órganos, luego los abandonan
muertos con un papel en el pecho dando las gracias”. El estilo demasiado correo spam, demasiado
leyenda urbana del rumor debería ser la causa para que no prolifere. Sin
embargo, en las taguaras resulta ser el tema más comentado por secretarias y
personal de mantenimiento. Los efectos de un rumor no son predecibles. Esta
estupida fantasía que solo puede ser producto de algún ocioso adolescente cobra
una víctima en La Vega. El
pánico se adueñó de los lugareños y consideraron a un extraño como el
sospechoso perfecto de tan atroces crímenes. Entonces, simplemente, lo
lincharon. El rumor también logra el objetivo de poner en duda algunas ¿verdades?.
Un comunicado de la policía de Baruta dirigido a un colegio privado del sector
los alerta a estar atentos de heladeros, doctores, enfermeras, payasitas y ¡oh
sacrilegio! Clérigos pues estos pueden ser verdaderos secuestradores. “¿Hay
alguna denuncia en concreto?, no, que va, yo no vuelvo a caer en eso” dice con
aires de corrido en cuatro plazas el compadre del espía. Luego se vuelve hacia
su compañero de cubículo y le suelta el nombre seguro de quien será el próximo
Director del área.
08 de julio de 2005
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