Una vela para cada santo


En la esquina de Santa Bárbara hay una licorería que se llama María, una papelería llamada El Redentor, una panadería que ostenta el nombre de La Reina de Santa Bárbara –adornada con imágenes de María Lionza- y una heladería casera cuyos dueños son miembros de la Oración Fuerte al Espíritu Santo. La sede principal de esta Congregación está también en la esquina a la que nos referimos. Una rampa ancha, hecha para el tránsito de multitudes, invita a los feligreses a remontar el camino al cielo por una módica suma. Un poco más arriba, casi encima del Puente Páez, completa este altar urbano el modesto Hotel Simón, otra visión del Paraíso a un precio mucho más solidario que el que pueda ofrecerte la cadena brasileña “Pare de Sufrir”. La esquina parece representar un altar sincrético donde Changó, Bolívar y María Lionza comparten amistosamente su espacio con la virgen y la Santísima Trinidad. Sólo extraño al Dr. José Gregorio Hernández para completar esta Corte Celestial, aunque no faltará quién diga que a unas cuantas cuadras de ahí está la calle donde el Venerable tuvo la fortuna de ser atropellado por uno de los diez vehículos de motor que existían en Caracas para 1919. Por otro lado tampoco faltará quien comente que, en fin, ese siempre ha sido el destino del pobre Siervo de Dios: quedar como la guayabera mientras algunos arribistas ya disfrutan de los privilegios que otorga la jerarquía angelical. Puedo imaginarme el itinerario de un devoto con intenciones de prender una vela a cada santo de esta esquina caraqueña. Inicia el recorrido adquiriendo una buena Biblia en la papelería, luego endulzará el cuerpo con un helado de arequipe mezclado con trozos de coco, asumiendo la perfecta actitud para ir al encuentro con los milagros mediáticos de la secta brasileña. Endulzado el espíritu, el devoto desembolsillará el veinte por ciento de su sueldo con la esperanza de parar de sufrir y saldrá reconfortado a comprar una botella de ron  bendecida por la propia Madre de Dios para ofrecérsela a la Diosa de Sorte a través de la materia que tiene su despacho en las puertas de la panadería –Un chamo de pelo rapado que vive pidiendo “cincuenta bolos ahí” a todo los peregrinos de la montaña-. Posteriormente, el espíritu guerrero del Libertador inspirará al devoto quién caído en trance al invocar a Changó culminará la jornada con un amor furtivo tras la puerta desconchada de una pieza del Hotel. No sé porque, pero de pronto viene a mi mente el recuerdo de lo que se considera un auténtico domingo español: Mañana de misa, tarde de toros y noche de putas. Y a cada santo, su vela.
10 de junio de 2005

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