Bajo el Samán


A mediados del siglo XVIII una estaca del legendario Samán de Güere fue plantada en las cercanías del antiguo templo de La Trinidad, allí dónde años después fue bautizado el niño Simón Bolívar. El retoño prendió y, ya hacia finales de ese siglo era un hermoso árbol bajo cuya sombra Andrés Bello, que era vecino de la zona y que ya le había cantado a sus ramas, le impartía sus enseñanzas al futuro Libertador. Se cuenta que no en pocas oportunidades, ciertas ideas equivocadas de progreso estuvieron a punto de acabar con este hermoso ejemplar vegetal. Siempre apareció un defensor que desbarató las malas intenciones de tal manera que aún en nuestros días, sus ramas, aunque enfermas, siguen dando una sombra esplendida, generosa, a la entrada de la Sala Juan Bautista Plaza, uno de los lujos del Foro Libertador. Es indudable que, ubicado donde se encuentra, este titán ha debido ser testigo de grandes y pequeños acontecimientos en los dos siglos y medio que tiene de existencia, no todos heroicos ni tan aleccionadores como la imagen del joven maestro Bello tratando de moldear la personalidad del inquieto Simoncito. En los últimos años, por ejemplo, ha debido hacer mella en su espíritu ¿tienen alma los árboles? el uso que, de los rincones que lo rodean, hacía cierta fauna urbana que deambula por ese sector de la ciudad. No resultaba extraño encontrar niños y adolescentes consumiendo piedra bajo su amparo y desgarrando el deseo en una mezcla de jirones, mugre, jadeos y brusquedades, frente a la mirada impávida de funcionarios y usuarios de la Biblioteca Nacional, cuyos grandes ventanales se abrían como una pantalla gigante para ofrecer, en horario infantil, las intimidades de la tristeza. Hace un par de semanas, la Alcaldía Mayor y Fundapatrimonio rescataron ese espacio colocando allí los bustos de dos insignes poetas chilenos, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, como para hacerle compañía al viejo árbol en el restico de años que le pueda quedar de vida. La pequeña plaza se acondicionó y se instaló un puesto de la guardia nacional para asegurarse de que ese interesantísimo diálogo que pudiera generarse entre esos tres gigantes, no sea interrumpido por  los odiosos fantasmas de la realidad. El lado sucio de la historia local. Ese día, un radio cercano vociferaba el programa de un conocido payaso hertziano que comentaba la develación de los bustos desconociendo abiertamente el lugar donde estos habían sido ubicados. El viejo Samán del Buen Pastor, con toda su carga histórica, no le sirve al rating. “Ah, pero si estuviera en Miami, seguro que hasta peregrinaciones organizarían para verlo” comentó el portugués mientras servía otra empanada de cazón.
13 de mayo de 2005

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