De espanto y brinco


No hay mirada más inquietante que una mirada de advertencia. A través de  esos ojos uno llega a presentir hasta su propia muerte. Es rica en emociones y tiene el don de trasmitirlas mejor que la palabra. Cuando la vista distraída se cruza con una mirada así, la sensación que se tiene es la de un cuento de situaciones extremas echado en menos de lo que dura un suspiro. Se trata de un juego telepático donde el silencio parece ser la condición para que no se desate la tragedia. No hubo una mirada como esa cuando el chichero que se instalaba en la esquina donde se encuentra la Torre de la Prensa II murió de un infarto fulminante en la plenitud de su vida, y tampoco la hubo cuando desde las alturas de la torre se desprendió el vidrio de un ventanal y cayó al lado de su hermano, el chichero suplente, apenas rozándole la espalda y causándole una herida de varios puntos. A los pocos minutos de esta segunda tragedia pasaba yo por el lugar y sentí la mirada. Ella me obligaba a abandonar la acera y seguir mi camino por el medio de la avenida Panteón. La mirada me decía “el peligro viene desde arriba, algo está a punto de desplomarse”. Yo no lograba divisar nada y sin embargo el frío que recorría mi espalda avalaba la angustia de aquellos ojos. No supe si detenerme, regresar por la vía desde donde venía o avanzar apurando el paso. Solo podía pensar que cualquiera de esas opciones bastaba para acabar con mi vida. Sin darme cuenta desvié la vista, primero hacia los últimos pisos de la torre, luego hacia la acera y allí vi el reguero de vidrios rotos y la pequeña mancha de sangre. Por alguna extraña razón, todos los que se encontraban ahí esperaban que cayera otro vidrio de un momento a otro. Como si el acontecimiento no hubiera sido lo suficientemente dramático. Después me enteré del motivo de tan tenebrosa expectativa. La Torre de la Prensa II es una especie de mansión embrujada moderna. Al parecer, en varias oportunidades la Cadena Capriles ha querido arrendar el edificio y todos los inquilinos han salido despavoridos. Actualmente se encuentra allí la sede del periódico deportivo Líder y hay quién dice que las rotativas se encienden solas. La Alcaldía Mayor le tiene el ojo puesto para realizar una expropiación y convertirlo en sede de la Universidad Nacional Abierta. Ponga cuidado, alcalde Barreto a las miradas de advertencia. Hágales caso y llévese un exorcista para el día de la inauguración.
25 de marzo de 2005

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