Por favor No peinarse en este establecimiento. Reza el letrero. Inmediatamente se percibe una irremediable atmósfera fantástica. El letrero es algo común. Letras rojas sobre vinilo, como el que suele encontrarse en las areperas, solo que estos vienen ornamentados con el dibujo de una lechosa, un vaso con pitillo repleto de algún brebaje marrón o una taza de café hirviente, mientras que el letrero de marras simplemente dice lo que dice y las letras abarcan toda su superficie. Parece surrealismo criollo, parecido al que se perfila en el merengue de principios de siglo sobre la mujer casada con Juan que a los seis meses tuvo un muchacho tan divino con la cara de cochino como lo esperaba yo. Aunque el asunto es tan insólito que pudiera formar parte del decorado de una obra dada o del teatro del absurdo. No importa el establecimiento dónde se encuentra el letrero. En cualquier escenario que uno lo imagine, conservará su condición irreal. Sea una zapatería, supermercado, tienda de ropas, cibercafé, notaría, funeraria, floristería, restaurante o, como es el caso, una panadería ubicada en el boulevard del Panteón, hay algo en él que transforma el lugar automáticamente en la fiesta de no cumpleaños del sombrerero loco. Cautiva tanto que causa temor preguntar su razón de ser, no vaya uno con eso a romper quién sabe qué sortilegio. La explicación, gracias a Dios y a Gabriel García Márquez, también forma parte de la dimensión desconocida. El local fue remodelado hace un par de años. En su nueva presentación ostenta un espejo que abarca lo largo y ancho de la pared dónde reposa la barra de los clientes. Según cuenta el dueño del establecimiento, el espejo producía tal impresión, incluso en los transeúntes que deambulaban por la peatonal indiferentes al local, que resultaba imposible no caer en la tentación de entrar, mirarse en él y acomodarse la cabellera. Llegó un momento en que el local se encontró atestado de gente que no consumía ni siquiera un café y que, por el contrario, permanecía horas enteras perfeccionando el maquillaje y experimentando con el peine. De allí la razón del letrero, pero ¿Qué causaba ese efecto casi hipnótico en las personas? Tras mucho cavilar sobre el asunto, se me ocurrió sólo una explicación lógica para ese fenómeno. El espejo resguarda la maldición de Narciso. El letrero es, contrario a lo que pueda sugerir, una advertencia.
10 de diciembre de 2004
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