Idolatrías

El tradicional aguinaldo, que nadie debe olvidar, es aquella ofrenda en metálico que se introduce en el cochinito de plástico que, apenas se asoman los primeros días de diciembre, es colocado en los mostradores de cuanto local comercial existe en la ciudad. Generalmente, este cochinito podría pasar desapercibido si no fuera por las argucias de las que se valen los comerciantes para que el cliente, de buena o mala gana, acabe introduciendo algunas monedas en él. Desde atractivos letreros, pasando por un complicado dispositivo eléctrico instalado bajo el mostrador que, al accionar hace sonar un timbre estridente a la vez que enciende un bombillo pegado al hocico del animal, hasta la pregunta directa con falsa sonrisa: ¿Algo pal cochinito? Cualquier método es válido. Pensando bien el asunto, pareciera que estuviéramos ante una versión moderna del cuento del Becerro de Oro que tuvo que erigir Arón, ante la impaciencia del pueblo judío, para que tuvieran a quien adorar mientras esperaban el retorno de Moisés con las Tablas de la Ley. Para aquellos que no conocen la historia bíblica, vale la pena aclararles que el asunto acaba mal porque Moisés, al ver a su pueblo atareado en ritos paganos, rindiendo pleitesía a un falso ídolo, ofreciendo sacrificios de vírgenes, ancianos y riquezas, y revolcado en una gigantesca orgía, decide hacer trizas aquellas tablas escritas por la mano misma del Todopoderoso, no sin antes armar semejante escándalo, con sermón incluido, acerca de la indignidad y la falta de respeto. Volviendo al tema que nos incumbe, la razón de ser de la Navidad, el nacimiento de Jesús, pareciera haber sido sustituido por la idolatría al simpático puerquito de plástico. Por cierto, en algunos países se obsequian, en año nuevo, diminutos cochinitos dorados para que sean guardados en la cartera, lo que garantiza que la misma nunca esté desprovista de dinero. Al menos el cochinito del aguinaldo no esconde sus intenciones mercantilistas, cosa que si hacen otras falsas deidades como el arribista Espíritu de la Navidad o el Santa Claus ingeniado en la empresa publicitaria contratada por la Coca Cola. Una última reflexión: símbolo inequívoco de lo formal que se ha vuelto la economía informal es el hecho de que cada puesto de buhonero del centro de Caracas ostenta su cochinito, con o sin letrero, bombillita o timbrecito. Los símbolos, es un Perogrullo, se explican por sí solos.

17 de diciembre de 2004

Comentarios