Metamorfosis

El trabajo realizado en estos últimos años en el centro de Caracas ha dignificado sus edificaciones y espacios públicos. Nuevamente me veo en la obligación de recalcar el carácter de crónica pasada de este texto. Espero que lo disfruten:

En la esquina de La Torre, justo allí dónde se encuentra el abandonado hotel Catedral, existía en la década del treinta del pasado siglo XX un local dónde se reunía un grupo de instrumentistas en espera del director de alguna orquesta de ocasión que requiriera de sus servicios para un baile privado o uno de los tantos organizados en los hoteles de moda. De aquellos tiempos vienen los caraqueñísimos términos del vente tú, como se cataloga la agrupación formada sólo con fines efímeros, pues en esa actitud llegaba el director al local, como comerciante de esclavos, echando una ojeada e indicando con el dedo a los afortunados elegidos para el trabajo mientras exclamaba sin mirarlos ¡Vente tú!, y matar un tigre que viene de la difícil prueba a que eran sometidos estos músicos cuando debían interpretar, sin ensayo y a primera vista, la complicada pieza de moda titulada Tiger Rag. La tradición musical de esta esquina parece persistir aunque transformada y adaptada a los nuevos tiempos en los que basta con un eficiente equipo de sonido y una surtida dotación de discos compactos para organizar un baile sin tener que correr el riesgo de elegir, entre los trombonistas, a Espartaco y que el baile acabe en un motín musical. Barajemos la posibilidad, por ejemplo de que usted se halle en dicha esquina porque en algún callejón de su memoria permanece la frase Si está grabado Rincón Musical lo tiene. El azar lo coloca en la esquina a una hora en punto, de manera que escucha el carillón de la catedral como una introducción solemne a la fantasía politonal que le espera al encumbrar la calle, a mano derecha. Acordemos que fue Jorge Luis Borges el que dijo, palabras más, palabras menos, que lo fascinante del laberinto no era encontrar la salida sino, más bien, la búsqueda por sí misma y atrévase a cruzar aquel laberinto sonoro de la economía informal a través del cual llega a reconocer de pronto un pasaje llanero que se transforma en una changa que se transforma en un vallenato que se transforma (ocurren esos milagros) en la voz de Morella Muñoz entonando un canto de pilón que se transforma en una balada pop que se transforma en una salsa erótica que se transforma en un hip hop hasta que, de pronto y ya un tanto desorientado, se le presenta ante usted el aviso gigantesco que anuncia el local deseado Rincón Musical en el que, contrario a toda lógica, se encuentra una tienda de zapatos.

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